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En nuestro día a día vivimos rodeados de todo tipo de patógenos. La inmensa mayoría de estos son totalmente inofensivos para las personas y animales. Sin embargo, elementos como tuberías o aparatos sucios, el agua estancada en duchas o la actividad de cocinas u hospitales es propensa a que se concentren algunos patógenos realmente nocivos.

Estos patógenos son perjudiciales para las personas y los elementos con los que se mantienen en contacto.

Los hongos se instalan en muebles, máquinas y diversos objetos, produciendo su putrefacción y siendo necesaria su restitución para evitar problemas mayores, como la incubación y propagación de patógenos como la legionella. El uso de herramientas sucias concentra una cantidad de bacterias importante que luego son propagadas de forma masiva e inconsciente.  El contacto directo con estos patógenos puede derivar en infecciones como herpes y hongos,  como el pie de atleta, en duchas y vestuarios.

Estos patógenos atacan principalmente a personas con defensas bajas, y el uso de antibióticos para combatirlos los ha reforzado, haciéndolos cada vez más implacables y dañinos para las personas. Aunque existan medidas de higiene y seguridad para evitar el contagio en instalaciones que tratan con alimentos o duchas y vestuarios, es esencial eliminar estas bacterias.

El primer paso es realizar una limpieza profunda y exhaustiva de los elementos contaminados con el fin de facilitar la efectividad del tratamiento, un conjunto de técnicas con desinfectantes que buscan erradicar por completo y controlar la presencia de patógenos.