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Se suele señalar, sobre todo, a las lechugas embolsadas para ensalada, ya que producen en torno al 25% de los casos de intoxicación. Si ya parecía lógico preguntarse si esta opción es igual de nutritiva y/o sana que comprar un cogollo de lechuga fresco, después de que conocieran casos de intoxicación por un brote de contagio de E. coli, una bacteria capaz de provocar infecciones en el intestino e incluso hemorragias, aumentaron las alarmas.

 

 

Por otro lado, la Universidad de Leicester, Reino Unido, publicó un estudio en 2016 que afirma que las bolsas de ensalada son un caldo de cultivo para bacterias como la salmonela. Las hojas infectadas favorecen que la bacteria siga extendiéndose, incluso adhiriéndose a la bolsa, que también constituiría una fuente de contagio. Además, de acuerdo con los investigadores, los jugos liberados de los extremos cortados de las hojas de ensalada permiten que las células de Salmonella crezcan en el agua, incluso estando refrigeradas.

En España, el consumo de verduras embolsadas ha aumentado debido a su comodidad y bajo precio, lo que ha que ha generado un volumen de negocio de más de 200 millones de euros al año. Es una opción muy popular porque nos permite ahorrar tiempo y evita tener que cocinar, además de limpiar nuestra conciencia porque, al hacerlo, estamos siguiendo también el principal consejo de cualquier nutricionista: comer muchas verduras y con frecuencia.

¿Realmente son peligrosas las ensaladas de bolsa?

Aunque existan estudios que aportan estos datos, hay que tener en cuenta siempre que estos alimentos envasados están sometidos a regularizaciones estrictas, siguiendo procesos de higienización y controles desde su recolección hasta la llegada al supermercado, a veces más que los productos frescos.

Es por ello que algunos nutricionistas ponen en duda que exista un peligro real. Fidel Salazar Cueto, dietista-nutricionista (Diet&Nut), considera que si el proceso de higienización está bien hecho y el consumidor respeta la cadena de frío y las fechas de caducidad, no hay ningún problemaen comer verduras envasadas. Señala además que, gracias a la comodidad que aportan estos envases, ahora hay mucha más gente que consume verduras que antes, lo cual es muy positivo.

 

 

“Las verduras envasadas son igual de sanas que las frescas, ya que la pérdida de nutrientes es mínima. Las mayores diferencias que pueden existir es en las vitaminas hidrosolubles (B y C) según este estudio, aunque hay otros estudios en los que no se observan diferencias significativas. Por tanto, en el caso de que existan diferencias, serán pequeñas”, añade. Para el especialista, es mucho mejor que se consuman envasadas a que no consuman en absoluto, y suele recomendar las que sean más faciles de elaborar, aunque si se tienen tiempo y ganas, es preferible inclinarse por las frescas, debido a que ofrecen mayor variedad.

Por su parte, Sheila Amelia Felipe insiste en que es importante darle a la alimentación el lugar de importancia que tiene en nuestras vidas, por lo que recomienda dedicarle el tiempo que merece y una planificación adecuada priorizando, siempre que se pueda, las verduras frescas, de temporada, de proximidad y en el mercado local. Aunque es consciente de la comodidad que puede suponer comprar una bolsa de ensalada preparada y también prefiere que se consuman éstas a que no se consuman verduras en absoluto, recuerda que no es necesariamente una opción más barata y que las verduras frescas presentan mejores propiedades organolépticas, como el sabor, y no necesitan aditivos para mantener sus cualidades nutricionales.

Mi consejo es consumir verduras frescas a diario y dejar las envasadas para momentos puntuales

SHEILA AMELIA FELIPE

Nutricionista

“Es por ello que la recomendación de muchos dietistas-nutricionistas es ‘más mercado y menos supermercado’. Mi consejo es consumir verduras frescas a diario y dejar las envasadas para momentos puntuales”. Además, la nutricionista aconseja leer los envases para asegurarse de que no contienen sal, azúcares o aditivos: “Muchas veces, al cortar los vegetales y si no se congelan, necesitan algún que otro aditivo para su conservación, que pueden ser naturales o químicos. Por tanto, ya dejan de ser verduras solas y se convierte en ‘verduras con algo’”.