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La mosca común (Musca domestica) ha desarrollado, desde siempre, una estrecha relación con los humanos y sus asentamientos. Una compañera indeseada, que hace décadas se ha identificado como vector de enfermedades en humanos y animales. La forma como los humanos han controlado este insecto ha cambiado mucho con el paso de los años, y el futuro del control de las moscas está, casi sin duda, asociado al IoT.

La mosca doméstica nos sigue allá donde vayamos. Su capacidad para aprovechar los entornos y desechos humanos asegura su existencia y proliferación a nivel mundial. A medida que las ciudades y las actividades humanas crecen, también lo hacen sus desperdicios y automáticamente las posibilidades de supervivencia para este insecto y las enfermedades que potencialmente puede transmitir.

Si nos imaginamos ciudades como Londres y Nueva York a principios de 1900, con más de 50.000 y 100.000 caballos respectivamente transportando gente por las calles, y las cantidades ingentes de estiércol que debia yacer en la via pública, podremos entender mejor el grave problema de salud pública que representaron en aquel momento las moscas, bien proveidas de alimento y lugares de cría.

En ese momento ya se conocía la capacidad de las moscas para transmitir enfermedades como el cólera o la fiebre tifoidea, pero el problema, aunque conocido, no empezó a atacarse hasta entradas las primeras décadas del siglo XX. Tanto en los EEUU como en Europa, el control de las poblaciones de moscas se inició con la mejora de las condiciones sanitarias generales, incluida la adopción de sistemas de eliminación de aguas residuales, para reducir el número de muertes provocadas por estas enfermedades en las ciudades.

Gobiernos y ciudadanos fueron llamados a la concienciación y a la acción bajo el lema “Si no hay suciedad, no habrá moscas”, en lo que puede considerarse como el inicio de “la revolución del control de moscas”, tan necesario en aquel momento, tanto a nivel sanitario como también económico.

Métodos de control

Más allá de modificar las condiciones ambientales y mejorar la sanidad y la higiene, las opciones de control para las moscas eran, en las primeras décadas del siglo pasado, muy limitadas. Se tiene constancia de algunas recomendaciones, como el uso de una solución débil de formaldehído o quemar dentro de la casa polvo de piretro para matar a las moscas.

Una situación que no tiene nada que ver con el amplio abanico de métodos de control de que disponemos actualmente, ya sean biológicos, químicos o cultural.

El control biológico ofrece muchas soluciones interesantes y originales para la supresión de las poblaciones de moscas domésticas: mediante virus (Virus de la hipertrofia de la glándula salival MdSGHV) , bacterias (Bacillus thuringiensis), hongos (Entomophthora muscae, Entomophthora schizophorae, Beauveria bassiana, Metarhizium anisopliae), nematodos (Steinernematidae, Heterorhabditis), aceites esenciales, depredadores naturales o parásitos (Pteromalidae).

Entre ellas, el control viral parece una perspectiva con futuro. Por ejemplo, el virus de la hipertrofia de la glándula salival (MdSGHV) transmite enfermedades en formas maduras de la mosca doméstica. El virus MdSGHV se replica en las glándulas salivales de la mosca y es regurgitado en el alimento mientras esta se alimenta, de este modo la superficie de la comida queda contaminada con el virus e infecta a las otras moscas que se alimenten de ella. En moscas hembra, el virus SGHV interfiere en el sistema de control de la producción de proteínas del animal, de modo que las proteínas que normalmente entrarían en los ovarios para desarrollar los huevos, se desvían para producir partículas virales y vuelven infértil al insecto.

El control químico es otra opción común para controlar las moscas. Cebos, productos insecticidas o agentes reguladores del crecimiento, son algunas de las posibilidades disponibles. Sin embargo, tienen una capacidad limitada. Por ejemplo, la aparición de resistencias a los insecticidas, a medida que estos van evolucionando, un problema que se ha detectado en las moscas desde hace más de 60 años.

El control cultural, que se define como un conjunto de métodos para monitorear y mantener a las moscas lejos, se considera la mejor forma de producir impacto sobre las poblaciones de moscas. Reducir el alimento y las condiciones favorables para las moscas tiene un impacto inmediato en el tamaño de sus poblaciones. Además, podemos utilizar su propia biología contra ellas mismas: las moscas pueden ser engañadas y atrapadas en grandes cantidades.

Con el uso de longitudes de onda de luz específicas en el rango de UV, colores o olores, las moscas pueden ser atraídas hacia trampas en las que acaban sobre una superficie mortal para ellas, como una cinta adhesiva o una rejilla de electrocución.

El futuro del control de moscas

Como se percibe en las nuevas directrices marcadas por la legislación alimentaria europea o en EEUU y por los sistemas de certificación de empresas dentro de la industria alimentaria incluidos en la Global Food Safety Initiative (GFSI), como BRC o FSI, la tendencia es centrarse en los “controles preventivos”, en lugar de depender de las medidas reactivas tradicionales.

El saneamiento y la higiene siguen siendo igual de importantes que hace un siglo, pero ahora, además de las muchas herramientas disponibles para poner a raya a las moscas, las nuevas tecnologías digitales permiten a las empresas de control de plagas controlar la actividad de las moscas en tiempo real, lo que permite aplicar estrategias de control proactivo de las infestaciones.

El Internet de las Cosas (IoT) parece que va a ser clave para que las empresas de control de plagas puedan crear y monitorear entornos limpios, seguros y saludables, de forma más eficiente.

Por ejemplo, en el caso de las moscas, existen sensores aplicables a las trampas de luz UV, que registran e informan en tiempo real sobre la actividad de las moscas, por lo que es posible detectar la presencia de los animales antes de que produzca una infestación.

A medida que avance el control de plagas basado en el IoT, aumentará la capacidad de recopilar datos a nivel global, lo que permitirá identificar tendencias en la actividad de las plagas y formular estrategias preventivas para predecir y prevenir infestaciones antes de que sucedan.

Fuente: International-pest-control

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