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Hasta no hace mucho tiempo se hablaba de la ingesta accidental de plástico por parte de las especies marinas, pero una reciente investigación determina que la firma química que tienen estos desechos plásticos se interpreta como alimento por el olor que desprenden, por lo que resultan de interés para algunas especies de peces que buscan estos desechos plásticos para alimentarse.

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En varias ocasiones hemos hablado sobre el problema de los materiales plásticos presentes en el pescado y el marisco con el que se alimenta el ser humano, así como los riesgos que pueden tener los microplásticos y nanoplásticos en los alimentos marinospara los consumidores, algo que todavía se está evaluando e investigando. Según algunos investigadores, la contaminación plástica es un factor estresante antropogénico para los ecosistemas marinos a nivel mundial, varias especies marinas ingieren residuos plásticos que pueden provocar la bioacumulación de compuestos tóxicos en toda la cadena alimentaria.

Hasta la fecha se ha hablado, sobre todo, de la ingesta accidental de plástico por las especies marinas, pero una investigación desarrollada por expertos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) de Estados Unidos sugiere que los peces buscan los desechos plásticos para alimentarse. La razón es que estos microplásticos y nanoplásticos están cubiertos por materiales biológicos con los que se alimentan, como por ejemplo las algas, organismos marinos que producen compuestos que son utilizados por algunas especies marinas para encontrar alimento, de ahí que confundan el plástico con alimento.

Las evidencias encontradas sugieren que la firma química que tienen estos desechos plásticos puede explicar por qué especies como la anchoa ingiere el plástico en condiciones naturales. En el estudio se extrajeron de anchoas capturadas en el océano, restos de plásticos que estaban presentes en el medio marino, pero también materiales plásticos que no habían estado en el mar o al menos en un periodo muy breve sin tiempo a la colonización, esto sugiere que la especie reacciona ante los residuos plásticos oceánicos que desprenden las sustancias procedentes de los materiales biológicos que los recubren, así como a los olores de estos materiales plásticos en ausencia de elementos biológicos.

Es decir, se trata de la primera evidencia que apunta que la composición química de los plásticos, y concretamente el olor que desprenden, resulta atractivo para muchas especies marinas. Por tanto, al peligro del consumo accidental se suma la idea de que las especies marinas buscan activamente los microplásticos y nanoplásticos. Los expertos comentan que cuando el plástico flota en el mar, su superficie es colonizada por algas en el plazo de unos pocos días o semanas, proceso conocido como biofouling o acumulación de microorganismos, plantas, algas, etc., en diferentes estructuras, en este caso en las partículas de plástico.

Antes comentábamos que se había demostrado que determinadas especies de algas producen un compuesto denominado DMS, compuesto que algunas especies marinas utilizan para identificar su alimento, pero a la vista de los resultados de la investigación, se determina que el plástico es más engañoso para los peces de lo que se creía, ya que no hablamos de un elemento que se parezca y huela a la comida por las algas u otros microorganismos, sino por su propia composición, lo que hace muy complicado que las especies marinas puedan distinguir el material como algo que no es un alimento.

 

Plástico en los peces

 

Los desechos plásticos en los océanos son un problema creciente y afecta a todo tipo de especies marinas. Se han encontrado fragmentos pequeños en las entrañas de pequeños peces y crustáceos, pero también grandes piezas de plástico en el estómago de ballenas e incluso de aves marinas. Otros estudios han constatado que muchas de las especies marinas que consumen los seres humanos contienen elementos plásticos, algo que de momento se está evaluando para determinar si puede tener efecto en la salud humana. Si la situación no cambia, a este paso y según los datos de los estudios y estimaciones realizadas, se podría decir que en los océanos habrá más plástico que peces para el año 2050.

Recordemos que el año pasado la EFSA (Agencia de Seguridad Alimentaria de la Unión Europea) dio un primer paso para realizar una evaluación de los riesgos que pueden tener los microplásticos y nanoplásticos en los alimentos marinos para los consumidores, especialmente en crustáceos y moluscos bivalvos, ya que es habitual que se consuma su tracto digestivo, algo que no ocurre habitualmente con otros alimentos marinos donde intestinos y estómago se suelen retirar.

Según se comenta en el periódico digital The Guardian, hasta la fecha, los esfuerzos para reducir el vertido de plástico a los océanos ha tenido un efecto poco significativo, se han tomado medidas pero son insuficientes y habría que buscar soluciones más drásticas y efectivas, recordemos que el reciclado es algo que actualmente no funciona. La mayoría de las botellas de plástico se fabrican con tereftalato de polietileno (Pet), material cuyo grado de reciclaje es muy elevado, sin embargo, el 91% de los envases no son reciclados y a las empresas parece que no les interesa utilizar el Pet reciclado o RPet, de hecho, las seis empresas de bebidas más importantes del mundo usan un promedio combinado de sólo un 6’6% de este material, y otras compañías ni siquiera se plantean utilizar el material reciclado.

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SERANCA, especialistas en seguridad alimentaria