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Quiénes son más vulnerables a las intoxicaciones alimentarias y por qué

Publicado el 23 mayo, 2016 , en Alimentación, prevención, Salud

Embarazadas, bebés, ancianos y personas con un sistema inmune debilitado son más vulnerables a sufrir intoxicaciones alimentarias

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Las infecciones alimentarias pueden ser más graves en las personas vulnerables

Las enfermedades de transmisión alimentaria pueden estar causadas por microorganismos patógenos o por productos químicos tóxicos. Si bien cualquiera está expuesto a ellas, las personas vulnerables (mayores, embarazadas, bebés y niños y personas con sistemas inmunes debilitados) son más propensas no solo a sufrir infecciones de este tipo, sino que también están más expuestas a que las consecuencias sean más graves. Los principales agentes causales incluyen bacterias como Salmonella, Escherichia coli,Campylobacter o Listeria monocytogenes, virus como norovirus y rotavirus y parásitos como Cryptosporidium, Giardia y Toxoplasma gondii.

Para los adultos sanos, muchas enfermedades transmitidas por alimentos dan lugar a síntomas gastrointestinales leves, como vómitos y diarrea. La evidencia epidemiológica ha demostrado, sin embargo, que los grupos vulnerables pueden desarrollar síntomas más graves. Las consecuencias de la infección dependerán de la virulencia del agente patógeno, la exposición al mismo y la resistencia de la persona a la infección. Esta se ve afectada sobre todo por la edad (niños y ancianos) o el embarazo.

Bebés y niños

Los bebés y niños son más vulnerables a una serie de agentes patógenos, porque sus sistemas inmunes no están del todo maduros. La Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que se producen al año unas 760.000 muertes cada año en todo el planeta de menores de cinco años provocadas por enfermedades diarreicas atribuidas a alimentos y agua contaminadas (sobre todo en países en desarrollo).

Merecen especial mención dos agentes patógenos relacionados con recién nacidos y lactantes, a pesar de que la incidencia es baja. Se trata de Cronobacter pp. y Clostridium botulinum. La primera se ha detectado sobre todo en guarderías de hospital y en unidades de cuidados intensivos neonatales y en leche de fórmula infantil contaminada. Los bebés también son muy vulnerables a la infección por esporas de C. botulinum, cuyo vehículo de transmisión más importante es la miel. De ahí que no se recomiende dar miel a los pequeños.

Otros orígenes comunes de gastroenteritis bacteriana aguda en todo el mundo y una causa importante de morbilidad infantil es la que provoca Campylobacter. Por eso debe prestarse atención a la preparación de los biberones, utilizar alimentos de calidad y cocinarlos bien.

Mujeres embarazadas

Las gestantes son especialmente vulnerables a infecciones transmitidas por alimentos infectados por Listeria monocytogenes y Toxoplasma gondii.

Si bien la infección por Listeria puede ser asintomática para la madre, la transmisión a la placenta puede tener consecuencias para el feto y el recién nacido. Muchos alimentos procesados y listos para comer soportan bien el crecimiento de L. monocytogenes durante el almacenamiento en condiciones de refrigeración y, por tanto, se convierten en vehículos de transmisión.

Otra enfermedad importante para este grupo de población es la toxoplasmosis. Carne contaminada es una de las fuentes de infección de muchos de los casos diagnosticados, aunque la exposición directa o indirecta a las heces de gato, el principal anfitrión del parásito, es la principal causa de infección.

Las mujeres embarazadas también son vulnerables a la hepatitis E, que se transmite a través de agua y alimentos contaminados, como marisco crudo.

Personas mayores de 65 años

Este grupo de personas es más propenso a tener complicaciones derivadas de las enfermedades transmitidas por alimentos, sobre todo provocadas por Listeria monocytogenes, Campylobacter y Salmonella. Además de un sistema inmune debilitado, los mayores de 60 años tienen un mayor riesgo como resultado también de las prácticas de cocina que llevan a cabo, así como el deterioro de sus sentidos como el olor y el sabor.

Enfermos crónicos o con sistema inmune deprimido

Dentro de este grupo se incluye un gran abanico de problemas como la diabetes. La higiene alimentaria, igual que en los otros casos, será muy estricta para minimizar el riesgo de infección.

Prevenir para curar

En julio de 2015, la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN) afirmaba que, en la mayoría de los casos, las intoxicaciones en estos grupos de población se deben principalmente a un tratamiento incorrecto de los alimentos durante su obtención, transformación, almacenamiento y preparación. Sobre todo ocurre con alimentos de alto riesgo como frutas y verduras (con alto contenido en agua) y de carnes, pescados, huevos, lácteos o mariscos (ricos en proteínas). La higiene alimentaria se extremará en estos casos y se seguirán pautas específicas si es necesario, como no consumir un determinado alimento. También ayudarán a reducir el riesgo otras actuaciones como:

  • Planificar la compra y seguir un orden. Deben dejarse para el final los refrigerados y congelados y no pasará mucho tiempo desde que se adquieren y se almacenan en casa. Debe prestarse especial atención a la fecha de caducidad.
  • Lavar manos y utensilios primero, con frecuencia y a conciencia; también alimentos como frutas y verduras.
  • Separar alimentos crudos de cocinados. Evitar la contaminación cruzada es una de las formas más factibles de impedir que las bacterias se propaguen. Deberán usarse utensilios específicos para los crudos y otros para los cocinados.
  • Controlar la temperatura. Las bacterias se multiplican con más rapidez entre los 4 ºC y los 65 ºC. Por tanto, no es aconsejable dejar los alimentos a estas temperaturas.